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TRES DECADAS AYUDANDO A VIVIR: De murales, resistencia y comunidad en la diaspora boricua de Chicago

29 de abril de 2004

Juan Carlos Rivera

En la guerra simbólica y físico-espacial que se libra todos los días en esta ciudad global, el Centro Cultural Puertorriqueño Juan Antonio Corretjer es un agente de lucha y esperanza, no sólo para l@s boricuas, sino para todos los grupos que buscan alternativas al neo-liberalismo y su guerra en contra de los pobres. Su resistencia al desplazamiento urbano y su papel en la producción de lugares comunitarios nos dan ejemplos concretos de posibilidades en la era del "gentrification." Si bien los mega anuncios con imágenes coloridas, fotografías de modelos provocativ@s y restaurantes exóticos han sido armas de la economía simbólica que se come a la ciudad, también otras imágenes y representaciones ayudan a crear territorios que frontean y dan cara a la elitización urbana. Los murales comunitarios son ejemplos de lo segundo.

El mismo día en que se inauguraba el mural del nuevo edificio del Centro Cultural Puertorriqueño Juan Antonio Corretjer, se regó la noticia de que el mural más viejo de la comunidad puertorriqueña de Chicago estaba siendo tapado por la construcción de un edificio de apartamentos de lujo. En menos de una hora, el centro organizó a más de treinta personas que se mobilizaron para protestar el nuevo intento de desplazar a la comunidad. Antes de que llegaran los manifestantes, el consejal Billy Ocasio fue directamente al supervisor de construcción a sugerirle dos opciones: o paraban la construcción inmediatamente y se movían a otro espacio asignado donde sí podían construir, o tenían que arrestarlo pues el no iba a permitir que siguieran borrando la memoria del barrio. La construcción paró. Llegaron los manifestantes y Univisión. Líderes comunitarios, residentes y visitantes se pronunciaron en contra de la elitización, el "blaqueamiento" del barrio y la desaparición del mural, "la crucificción."

En el centro, y "encima" de una gigantesca bandera de Lares, Pedro Albizu Campos crucificado. Abajo, a su derecha, Luis Muñoz Marín le apunta una lanza por el costado listo al acecho. Lolita Lebrón (colgada en la cruz de la esquina derecha) y Rafael Cancel Miranda (en la cruz de la izquierda) miran a su líder clavado.. Todos vestidos de negro, excepto Muñoz, de gris. Arriba de los mártires, las cabezas de Betances, Hostos, Matienzo Cintrón, De Diego, Mariana Bracetti y Ruiz Belviz observan. En la extrema derecha la dedicatoria dice, "Original mural from the Art Association of Puerto Rico. It is dedicated to all Puerto Ricans of the world. This is a humble tribute to the figure of Don Pedro Albizu Campos, restored by the students of Dr. Pedro Albizu Campos' High School. It was renovated on the 40th anniversary of the attack on the Blair House, on Nov.1990, in homage to the patriotic valor of Oscar Collazo and Griselio Torresola."

El mural se pintó en 1971, marcando los comienzos de un nuevo movimiento político y cultural que se formaba en Chicago. Hoy es una huella más de la memoria escrita en las paredes del barrio.

Minutos antes de saber lo que estaba pasando con el viejo mural, varios políticos y líderes comunitarios inauguraban en la calle Division un nuevo edificio de apartamentos de bajo costo para ancianos. Este proyecto, y muchos más, es parte del plan de desarrollo de la "Agenda Boricua," estrategia conjunta de organizaciones comunitarias, políticos y comerciantes para resistir el desplazamiento y brindar alternativas viables para la estabilidad y desarrollo cultural y económico del Chicago boricua. El Centro Cultural Juan Antonio Corretjer es una organización importante en este proceso. Pero dejarlo ahí, sin hacer un resumen sobre la historia del centro y la comunidad boricua en Chicago, sería hacer un simple reportaje sin mayor substancia.

Centro Cultural Juan Antonio Corretjer

El Centro Juan Antonio Corretjer se fundó en 1972, en el sótano de una iglesia donde líderes jóvenes se reunían con estudiantes de escuela superior para estudiar la historia de Puerto Rico y analizar las necesidades de la comunidad y el compromiso social que demandaban las mismas. De aquellas reuniones de sótano, varios estudiantes se convirtieron en líderes en sus propias escuelas, exigiendo programas bilingües y curículos que fueran sensibles a sus realidades culturales y económicas. Doce de ellos fueron expulsados. Tras esta situación, los jóvenes líderes, entre ellos el Reverendo Torres, Carmen Valentín, Oscar López Rivera, Alejandrina Torres y José Elías López, decidieron crear una escuela alternativa que bregara con la realidad del pueblo boricua en la diáspora. Durante esos años - y la situación sigue muy mal - 70% de los estudiantes boricuas de escuela superior no se graduaban, no había programas bilingües y el racismo se respiraba en cada poro de la piel.

El Centro también fue parte de un movimiento de educación participativa y alternativa que se desarrollaba alrededor de los EEUU y del mundo entero. Basta con mencionar a Paulo Freire y su pedagogia del oprimido y el Highlander Institute de Miles Horton en los EEUU para tener una idea de esta coyuntura. También fue durante esta misma época que organizaciones dentro del movimiento independentista puertorriqueño se convertían en fuerzas sociales de importante impacto como el PSP y la Liga Socialista liderada por Don Juan Antonio Corretjer. Los movimientos anticoloniales de Black Power, Brown Power, AIM y el movimiento feminista también fueron fundamentales. La lucha de resistencia en contra de la guerra de Vietnam era otro aspecto de peso, especialmente para los veteranos como Oscar López Rivera, quien luego de llegar del infierno, se topa con el purgatorio del barrio.

Aparte de su labor educativa, el Centro se convirtió en uno de los ejes políticos de la mayor comunidad boricua de Chicago. Desde la "retaguardia" esta organización hermana de La Liga Socialista, coninúa formando líderes y ofreciendo servicios que siguen siendo de gran necesidad en el barrio. Cuido de niños, escuela superior alternativa, clases a madres adolescentes, biblioteca comunitaria, centro de educación y asistencia a víctimas del SIDA, café-teatro de jóvenes, casita de solar rescatado donde se ofrecen clases de bomba, plena y artesanía*La lista es larga y tendida. También, desde sus comienzos, el Centro se caracterizó por su trabajo y militancia para liberar a los nacionalistas y a los prisioneros políticos presos en cárceles federales.

In 1972 we founded the school and, immediately after, the students began to correspond with Rafael Cancel Miranda. Why Rafael Cancel Miranda? Because he was here in Marion, Illionis (federal prison). So the students decided that, since the idea of the political prisoners was so important, they would name the shool, until their release, after Rafael Cancel Miranda* From that moment on, we began to work around the release of the Puerto Rican nationalists and this culminated in their release in September 10, 1979, when President Carter decreed their release. One of the interesting things that happened during the time, was that one day, in a visit, Irving Flores said: "You know, I was in prison from 1954 and most of us did not received a single letter from any one, but after fourteen years..." And that really impacted on us* So we began to do demonstrations in every prison that they were at. We went to all prisons, to Marion, to Springfield, and we said, "no, we are not going to allow these people to be disconnected from this community."

La lucha por la excarcelación de los prisioneros políticos continuó luego de la liberación de los nacionalistas, cuando en 1980, una nueva generación de prisioneros políticos y de guerra, la mayoría de Chicago, fueron arrestados y declarados "culpables" de "conspiración sediciosa." El Centro es una de las pocas organizaciones que siempre ha trabajo por la excarcelación de prisioneros políticos. La cúspide del movimiento fue la marcha multitudinaria en 1998 - que comenzó en Barrio Obrero y terminó en el edificio federal de Hato Rey - y la consecuente excarcelación de 11 de ellos, el 10 de septiembre de 1999. El primer lugar donde fueron muchos de los ex-prisioneros luego de salir de la carcel fue la calle Division, en Chicago, donde los recibieron cientos de personas.

La Division ha sido ese lugar-espacio que, poco después de los comienzos de la e/migración boricua, se convirtió en el corazón del barrio. El teatro San Juan, las bodegas, periódicos locales en español, cafeterías y restaurantes, barras, rumbones de esquina, botánicas, talleres de mecánica, barberías, beauty parlors, en fin, Barrio Obrero, Río Piedras y Santurce con un toque de San Lorenzo y Pepino en el medio de Chicago, se concentraron desde principios de los 60s en esta calle. Su nombre le sienta muy bien a la realidad de segregación racial que se vé hasta en el viento de esta ciudad. La "di-vi-sion," como aún le llaman los dones y doñas del barrio, fué, y es, reconocida como el lugar histórico de l@s boricuas. También es el lugar donde se encuentra el nuevo edificio del Centro Cultural Puertorriqueño Juan Antonio Corretjer.

Pero, ¿por que la Division? ¿Por que no la North, California o Western, también arterias del barrio? Para responder a esta pregunta no basta con decir que en la Division se concentraron el mercado y la cultura, muchas veces siameses encontrados. Además tendriamos que hablar sobre algunos eventos que impactaron, fundamentalmente, la vida en el barrio. También habría que incluir las actividades culturales/políticas y económicas, que se organizan en este espacio urbano transformado en lugar comunitario.

Las rebeliones del 66 y 77

Fue en la Division donde se dieron las dos rebeliones urbanas de los boricuas en Chicago, en junio del '66 y '77. Usando por primera vez en la historia de la ciudad un helicóptero para contolar a la gente, la policía de Chicago trataba de mover a los grupos que se amotinaban en el parque, las aceras, esquinas, calles y azoteas en medio de la rebelión. Ocurrió el 12 de junio de 1966. El primer motín de los boricuas en la historia urbana de los EEUU conicidió con la primera Parada Puertorriqueña en Chicago (antes se llamaba Fiestas De San Juan). La policía había matado a dos muchachos supuestamente miembros de gangas rivales. En medio de una pelea los guardias rompieron a disparar. Uno de los jóvenes calló muerto en el Humboldt Park, nombre del parque y del barrio boricua. Otro, malamente herido, era cargado por un grupo de personas que gritaban el abuso policiaco. La celebración de la primera Parada Puertorriqueña en el barrio boricua de Chicago se convirtió en rebelión popular. Explotó la olla de presión que se iba cuajando durante los años anteriores.

El racismo, la pobreza, y la invisibilidad de los puertorriqueños en Chicago no aguantaba más. El viento de Chicago le tumbó la pajita del hombro a la paciencia del barrio. Los negocios de los "blancos" se fueron ajuste, los policías se esquivaban de la lluvia de piedras y ganchos de ron que les venían encima. Corillos desde las esquinas, vasilando, miraban lo que pasaba y gritaban "agua" cuando se acercaba la jara.

Aunque la rebelión, que duró tres daís y tres noches, trajo visibilidad a los boricuas y la atención de la ciudad con ofertas de programas sociales y constante comunicación con los líderes comunitarios, las cosas, más que mejorar, se puesieron peor. Entre el verano del 66 y el del 77, año de la segunda revuelta, las condiciones de vida en Humboldt Park eran, y en gran medida aún son, humillantes. Pero la conciencia política y dignidad colectiva que trajo consigo la rebelión del 66' tuvo sus efectos.

Por ejemplo, contrario a lo que piensan - y escriben - muchos, la formación de la ganga-organización política de los Young Lords nació en el vecindario de Lincoln Park en Chicago, durante el desplazamiento descomunal que desmembraba a la comunidad boricua. Fue luego del motín del '66 que varios grupos deciden organizarse para mostrar su indignación y tomar acción. Batallas en las escuelas, oficinas gubernamentales, marchas y distintas manifestaciones se llevaron a cabo entre el '66 y '77. Pero nuevamente la brutalidad policiaca zumbó otra bofetá a la paciencia colectiva, que ya tenía las dos mejillas llena e' deos.' En el '77 la rebelión coinsidió con la primera celebración-protesta en el barrio, el "Desfile Del Pueblo." El desfile es una parada organizada cada año por el Centro Cultural y alternativa a la Parada Puertorriqueña que se celebra en downtonwn con políticos y comerciantes ajenos a la realidad del barrio. El mismo cruzaba gran parte de la Division hasta llegar al parque. Luego de una supuesta pelea entre gangueros, la policía disparó, matando a un jóven. Sin más, la gente, indignada, comenzó a defenderse, quemando patrullas y alzando banderas en los postes de la esquina entre la avenida California y la calle Division. La rebelión del '77 cubrió los periódicos del próximo día que representaban a los boricuas como hordas salvajes. Pero también documentaban, de forma yuxtapuesta y contradictoria, las condiciones del "inner city" en el momento.

Entre 1960 y 1969 alrededor de 271,000 personas fueron desplazadas de sus hogares, la mayoria latinos y afroamericanos. En 1976 se demolieron aproximadamente 2,446 casas y edificios de apartamentos. Los mismos medios de comunicación llamaron a estas prácticas la "política del suicidio urbano." Cuadras de casas abandonadas. El deterioro cubría cada línea del pavimento. Las casas se quemaban por obra y magia de la combulsión espontanea producida, no por el sol, sino por los intereses de los "slumlords" para cobrar el seguro de propiedad. Mujeres, hombres y niñ@s murieron a causa de los fuegos. El "white flight" dejaba su huella de abandono y repugnancia en los barrios y guetos. Hoy, mitad del los residentes del barrio boricua han sido desplazados hacia el oeste de la ciudad, pero el Centro Cultural y otras organizaciones comunitarias - con el apoyo de políticos como Billy Ocasio y Luís Gutierrez, entre otros - han desarrollado la "Agenda Boricua" para detener el desplazamiento. Una parte central de este proceso es la creación del "Paseo Boricua."

El Paseo Boricua

El area entre las avenidas Western y Californa de la calle Division conforman "El Paseo Boricua.". Fue inaugurado el día de los reyes del 1995. El "regalo" de la ciudad fue el monumento más grande del mundo a una bandera: dos estructuras en forma de la monoestrellada, de 45 toneladas y 59 pies de hierro y acero cada una. Las mismas simbolizan el trabajo de los obreros del acero, pioneros de la diáspora boricua en Chicago durante los años 40. Pero las banderas no son el producto de la buena voluntad de la ciudad, sino el resultado de una controversia que alborotó a un sector de la comunidad.

Como parte de la celebración del centenario de Pedro Albizu Campos, el Centro Cultural mandó a construir una estatua del líder nacionalista. La ciudad les dió el permiso de ponerla en el Humboldt Park, siempre y cuando la estatua fuera de bronce. Luego de hacer otra estructura de bronce, la ciudad - presionada por un grupo estadista - revocó el permiso por el historial "violento" y "antiamericano" de Albizu Campos. El Centro, juntó a otras personas de la comunidad, presionó al alcalde a reconocer de manera concreta la presencia boricua en el barrio, razón principal de poner la estatua en el parque. Las banderas fueron el resultado.

Las banderas de la Division han dado a sus residentes, y boricuas de Chicago en general, un gran sentido de pertenencia. Una de las formas de los boricuas quejarse sobre su situación en la ciudad es diciendo: "imaginate, que van a quitar las banderas de la Division." Aunque este rumor/decir no es cierto, demuestra las formas cotidianas en que la gente expresa sus temores. Las banderas, que funcionan como entrada "oficial" al barrio, ya son parte del imaginario colectivo del Chicago boricua.

El Paseo Borica tiene la concentración físico-espacial más alta de símbolos y puertorriqueños e independentistas, no solo de Chicago, sino en la diáspora, y me atreveria a decir, de Puerto Rico. Aquí se celebran el Desfile Del Pueblo, la Fiesta Boricua y los Reyes Magos. También se hacen marchas a favor de los derechos de los immigrantes indocumentados, en solidaridad con el pueblo palestino, en favor de la erradicación del SIDA y el derecho de l@s homosexuales y lesbianas, en contra de la criminalizacion de la juventud latina y afroamericana*la lista continúa* Con su ideología anti-colonialista, feminista, anti-racista y anti-homofobia el Centro hace volar en cantos los estereotipos y análisis totalizantes que describen a todos los grupos nacionalistas puertorriqueños como la encarnación del esencialismo y la exclusión. Lo supuestamente desradicalizado e irrelevante según algunos análisis, está ayudando a producir un espacio-lugar de resistencia que sugiere alternativas concretas en tiempos de hegemonía neoliberal. En este proceso, los murales son parte del arsenal simbólico que la comunidad boricua usa para resistir y seguir abonando su memoria colectiva.

Mural

Claramente el arte ha sido un aspecto importante en la nueva economía simbólica que define a la ciudad postfordista. El mismo ha servido de agente en la estetización de la violencia producida por el "gentrification." Aunque muchos artistas son - conciente e inconcientemente - colaboradores en el proceso de "gentrification," también algunos han participado en las luchas de reinvindicación y resistencia al desplazamiento que se vive en los barrios. Richard Santiago se suma a la segunda práctica con su nuevo (y único) mural en el nuevo edificio del Centro Cultural Puertorriqeño Juan Antonio Corretjer de Chicago.

Una de las lumbreras de la más reciente generación de artistas puertorriqueños, Richard Santiago, luego de ser invitado por el Centro Cultural Juan Antonio Corretjer a pintar un mural en su nuevo edificio, se "mudó" de Puerto Rico a Chicago por un mes y medio. Mes y medio de trabajo intenso e inolvidables experiencias, compartir y enseñanzas. En el proceso de hacer el mural Richard Santiago y su amigo y asistente, Osvaldo Budet, encontraron, no sólo el compañerismo de los miembros y colaboradores del Centro, sino también techo, comida y hasta ropa. Desde el comienzo, cuando Richard y Osvaldo dibujaban el boceto, habian voluntarios listos para colaborar en todo: buscar escaleras, comprar pinturas, brochas y pinceles, recojer, dibujar, hablar, compartir, vacilar, filosofar* El producto final fue el resultado del trabajo de alrededor de quince personas (estudiantes, maestros y activistas comunitarios, entre otros).

Este trabajo nos da otra ventana por donde mirar la memoria colectiva del Centro y la comunidad. Las imágenes del mural - que está pintado en tres lugares distintos - son entrelazadas por una cita que le da unidad narrativa al trabajo. La misma describe, de manera magistral, el testimonio de vida, no sólo de los que habitan el mural , sino también de los fundadores y líderes del Centro.

Sobre la mesa del dolor humano edité mi proyecto de vida

Esta cita, tomada de un poema de Don Juan, está ubicada en el "centro" del mural y sirve como "nota de pie" para ayudarnos a interpretar sus imagenes y miradas:

Primer Piso (entrada del edificio): Don Juan declama un mensaje político, o tal vez, manifiesta un poema. Su firma sirve de fondo a la imagen. El pulso del poeta se ve en su caligrafía y en la mano que levanta para dar énfasis a lo que dice. Viste de guayabera. Su ropa y los colores pasteles que lo arropan refrescan la mirada del(a) que entra.

Escaleras: La bandera de Puerto Rico con su estrella dividida por la misma mitad: rojo y blanco. Es la estrella que se alcanza en la lucha y nos invita a asomarnos a la vorágine de la memoria. La estrella nacional y de la Liga Socialista - sola - llama a mirarla en su rojo horizonte. Dos Ojos nos miran con distintas formas de ternura. Arriba, en la plataforma central, se juntan. Se miran eternamente en un momento, ese instante en que se dicen - y sienten - todas las palabras del mundo, un siglo en un grano de arena que, al caer, se junta con los demas. En lo alto, se abrazan los que se contemplan para unirse en cuerpo. El beso, imagen arquetípica de la plástica y fotografía occidental, insiste en la ternura y nos reta a dar una "pausa para el amor" que dure para siempre. Don Juan y Doña Consuelo dan la bienvenida. Hemos llegado.

Segundo Piso: La entrada al segundo piso anuncia la escuela Pedro Albizu Campos:

[Los pueblos son fuertes en cuanto al amor por so niñez, los pueblos son libres en cuanto a los niños se les respete.]

Entramos. El crucificado del mural del 1971 resucita y reaparece transformado en el "sembrador." Las semillas de tamarindo que esparse en el surco llevan los nombres de líderes comunitarios, estudiantes y luchadores por la justicia social en el barrio, la diáspora y Puerto Rico. Richard Santiago coje prestado del místico Millet para pintar al mítico Albizu como bagabundo de la tierra, campesino solitario sembrando en el amanecer del ocaso. Colores en todas partes. Penumbra de un jorobado que se mueve con el peso de una lucha que nos arrastra a todos y renace en cada semilla que tira. El sudor de su soledad no nos engaña. Sabemos que se hizo junto a otr@s que también sembraron, siembran y sembrarán*

Un mural, dos citas, y muchas imágenes que evocan el lema que resume, de la mejor manera posible, el trabajo y esperanza del centro* En las palabras de Doña Consuelo Lee Corretjer: "Vivir y Ayudar a Vivir."

Baje el articulo en formato pdf aqui.

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