Jorge Duany
Catedrático de la UPR
¿POR QUE los puertorriqueños establecidos en Chicago tienen fama de ser más nacionalistas que sus compatriotas en la Isla y otras partes de Estados Unidos? ¿Por qué muchos activistas comunitarios de la diáspora se han alineado con movimientos izquierdistas como las Fuerzas Armadas para la Liberación Nacional y los desaparecidos Young Lords? El reciente libro de la antropóloga Ana Yolanda Ramos-Zayas, National Performances: The Politics of Class, Race, and Space in Puerto Rican Chicago, intenta contestar tales preguntas. Mediante una minuciosa investigación de la comunidad boricua en esa ciudad, Ramos-Zayas demuestra que sus líderes han recurrido al discurso nacionalista para adelantar múltiples agendas ideológicas y materiales, tales como los intereses de clase, raza y género de los inmigrantes.
Según la autora, el nacionalismo ha aglutinado a numerosos activistas y residentes del barrio puertorriqueño en el área de Humboldt Park, donde se concentraron los inmigrantes de la Isla desde los años cincuenta. Actualmente, ese barrio ostenta el Paseo Boricua, un proyecto de revitalización urbana que se extiende por una milla a lo largo de la calle Division, marcada por dos enormes banderas monoestrelladas de acero. Allí se ubican panaderías, colmados, restaurantes, cafeterías, centros culturales, iglesias y una casita en honor a Pedro Albizu Campos. Anualmente se celebran importantes eventos públicos como el Día de los Reyes Magos, el Desfile del Pueblo y la Fiesta Boricua.
Hace dos años, tuve la oportunidad de dictar una conferencia a una audiencia que desbordaba el local del Centro Cultural Juan Antonio Corretjer, en plena Calle Division. No sé si el tamaño del público se debió al grupo de bomba y plena que me precedió o a los suculentos candungos de arroz con pollo que consumieron gratuitamente los asistentes. De todos modos, quedé muy impresionado con el grado de interés, preparación y organización de los participantes en la actividad. Paseo Boricua es uno de los esfuerzos comunitarios más exitosos de los puertorriqueños en Estados Unidos.
La bien sustentada tesis de Ramos-Zayas es que los inmigrantes puertorriqueños y sus descendientes en Chicago han reelaborado los principales símbolos nacionalistas (como la figura mítica de Albizu Campos) como pruebas de autenticidad cultural. Estos símbolos se han difundido ampliamente a través de instituciones comunitarias como las Escuelas Roberto Clemente y Pedro Albizu Campos, y los Centros Culturales Juan Antonio Corretjer y Segundo Ruiz Belvis. A diferencia de la Isla, el nacionalismo puertorriqueño en Chicago combina una ideología anticolonialista con prácticas culturales que no dependen exclusivamente de la lengua española ni la cultura hispánica. Más bien, se trata de combatir la representación pública de una comunidad criminalizada y marginada, mediante la reafirmación de su identidad híbrida, incluyendo el uso del rap y el "Spanglish".
Pese a su reputación como bastión de radicalismo, la población puertorriqueña en Chicago está compuesta mayoritariamente por trabajadores inmigrantes que probablemente no simpatizan con la independencia de Puerto Rico ni con la izquierda política. No obstante, en comparación con otras comunidades de la diáspora, la de Chicago parece estar mejor organizada para resistir el prejuicio étnico, la discriminación racial y el desplazamiento residencial. El excelente libro de Ramos-Zayas documenta la movilización comunitaria en torno al discurso nacionalista de sus principales líderes. Me sigue intrigando por qué ese discurso ha logrado más arraigo popular en Chicago que en otros asentamientos puertorriqueños en Estados Unidos e incluso en la Isla.
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